Gaming Houses

Gaming Houses para jugadores. Tratamiento en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

En la actualidad es muy habitual que los equipos cuenten con espacios donde conviven y entrenan los jugadores. El objetivo principal de las Gaming Houses es el de mejorar la dinámica colectiva del equipo y permitir los entrenamientos conjuntos e intensos de cara a las competiciones.

Visto de este modo, podríamos inclinarnos a pensar que estos centros son inherentes y necesarios al desarrollo de la actividad que desarrollan jugadores, entrenadores y otros profesionales del sector de los eSports y que nada tienen que ver con la retribución que estos profesionales obtienen por su trabajo.

Que un jugador mejorará su desempeño si entrena en un centro especializado es algo que parece obvio. También parece obvio que el objeto de estas instalaciones es la mejora del rendimiento de los jugadores y no el uso para fines lúdicos. De hecho, este tipo de centros son muy comunes entre las disciplinas deportivas “clásicas” y no se cuestiona que su uso por parte de los deportistas es para fines profesionales. Entonces, ¿por qué se genera esta cuestión en el ámbito de los eSports?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que un Centro de Alto Rendimiento o CAR no es lo mismo que una Gaming House.

Aunque ambos conceptos comparten elementos comunes, hay diferencias importantes; mientras que el CAR se concibe como un centro de entrenamiento, una Gaming House es un espacio de convivencia, equipado con habitaciones y zonas recreativas y de ocio, donde los jugadores residen y donde cuentan con servicios como pueden ser su propio chef, servicio de lavandería, sesiones de fitness, de fisioterapia o meditación, todo para asegurar que los jugadores entrenan en un entorno óptimo.

Pero, ¿cómo afecta esto a la fiscalidad? La Ley de IRPF expresamente indica que constituyen rentas en especie la utilización, consumo u obtención, para fines particulares, de bienes, derechos o servicios de forma gratuita o por precio inferior al normal de mercado, aun cuando no supongan un gasto real para quien las conceda. En concreto, la Ley regula la valoración de la renta en especie que se genera por la utilización de una vivienda para fines particulares. La propia norma establece unas reglas que dependerán de si la vivienda en cuestión es propiedad del pagador (en cuyo caso se aplica un porcentaje sobre el valor catastral), o si no lo es (supuesto en el cual la renta debe valorarse por el coste para el pagador).

La cuestión que plantea la imputación a efectos del IRPF de la renta que pudiera derivarse de la puesta a disposición de los jugadores de una Gaming House está relacionada directamente con el hecho de que por definición las rentas en especie se constituyen por el uso para fines particulares de bienes, derechos o servicios. Precisamente, la asociación entre profesión y vida cotidiana inherente a este tipo de centros hace que sea

especialmente complejo el determinar las obligaciones fiscales que pueden derivarse tanto para el jugador (como empleado y contribuyente por el IRPF) como para el club (en su papel de empleador y obligado a ingresar las correspondientes retenciones a cuenta del impuesto).

Desde un punto de vista jurídico, parece clara la necesidad de establecer algún tipo de diferenciación entre el espacio de trabajo y el lugar de residencia, al poder verse afectados aspectos de carácter laboral, como puede ser la determinación de la jornada y el centro de trabajo o las políticas de prevención de riesgos laborales. Precisamente, enlazando con esta idea, una posible solución podría venir dada de la mano del registro de control horario, obligación laboral aplicable a todas las empresas que tengan empleados en plantilla (lo cual incluye a los jugadores y otros empleados de los clubes de Gaming). El registro de las horas de trabajo podría constituir la base para determinar el porcentaje de uso privativo y disfrute de la vivienda, y de esta manera justificar el cálculo de la renta en especie sujeta a IRPF.

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